4 comentarios el “Pablo de la Torriente: recuerdos de su pluma en ristre

  1. ese sí fue un periodista de los grandes y con tremenda imaginación. Todavía recuerdo aquella lección que nosdieron en la clase de ética donde leímos que Pablo, durante la guerra civil, había dejado todo el espacio que le correspondía en el periódico como corresponsal en España porque decía que no existían las palabras para describir el horror. La verdad es que lo admiro….

    • Como no admirarlo, te invito a leer sus obras, este es un fragmento de Realengo 18: “El que quiera conocer otro país, sin ir al extranjero, que se vaya a Oriente; que se vaya a las montañas de Oriente donde está el Realengo 18 y en donde se extienden otros, como el de Macurijes, el de Caujerí, El Vínculo, el Bacuney, Zarza, Picada, Palmiján y algunos más. Que se vaya a Oriente, a las montañas de Oriente. El que quiera conocer otro país. Que monte en una mula pequeña y de cascos firmes y se adentre por los montes donde la luz es poca a las tres de la tarde y los ríos, de precipitado correr, se deslizan claros por el fondo de los barrancos, con las aguas frías como si vinieran de monte.

      Allí encontrará no sólo una naturaleza distinta, sino también costumbres diferentes y hasta hombres con sentido diverso de la vida.

      Y, aunque acaso a un occidental no le sea grato, encontrará también el orgullo de una historia considerada como propia; la satisfacción de que no haya río por el que no hubiera corrido sangre mambí, ni monte donde no pueda encontrarse el esqueleto de algún héroe.
      En el Realengo 18 los hombres, como la naturaleza, son distintos. Aunque allí nadie es rico, y hasta todo el mundo es pobre, como la naturaleza es tan exuberante, la hospitalidad, que siempre es regalo, es un don espontáneo. La cortesía, que también existe en alto grado, es cosa, asimismo, natural.
      El «palacio» de ellos, como el de todos los campesinos cubanos es el bohío, estúpidamente cantado por no sé cuántos poetas. El bohío del Realengo, en lugar de tener el techo de guano, suele tenerlo de vetiver, y el piso es de tierra, con rústicas divisiones de yagua o tablones de palma para disimular la promiscuidad de la vida. Algún taburete, alguna hamaca, algunos platos de esmalte desportillados, y sobre las «paredes» algunos adornos de vidrio, retratos y recortes de alguna revista que llegó una vez. Y a veces, pintorescas cortinas de papelitos y cuentas a la entrada de los «cuartos», en donde siempre se oye «llantío» de algún recién nacido. Y esto es todo, con diez o doce personas viviendo en el bohío, casi todos muchachos que apenas se llevan un año entre sí. Este es el «palacio» de los campesinos, cantado por los poetas y en donde los «tricocéfalos» y sus hermanos viven en el paraíso.
      Los campesinos del Realengo 18 tienen el concepto de la tierra. Vive en ellos, palpita en ellos esta noción con fuerza silenciosa, pero potente. Y el miedo, terrible consejero de la audacia, los ha llevado a mantener una posición de arrojo e intrepidez, que, aparte de esos factores, bien pudo impresionar a los jefes de la actual maquinaria gubernamental, para no lanzarse a un ataque. Y conste que no me refiero al miedo a las balas ni al machete, que se pierde demasiado pronto, sino al miedo que dura siempre, del hombre que ha sentido gravitar sobre sí la explotación de otros hombres; del hombre que ha trabajado doce y catorce horas sin parar; del hombre que, en Cuba, es un esclavo en los cortes de caña, donde empeña su trabajo incansable por un capital de miseria y de hambre… Ese es el miedo de los realenguistas; miedo a tener que salir de sus montes, donde mal que bien, comen, para tener que venir otra vez a los «cortes» de las colonias, a recibir de nuevo el «vale», que sólo vale en el Departamento Comercial del Central en donde la explotación llega al colmo.
      Pablo de la Torriente Brau

  2. De veras que no lo conocía tanto pero me alegra de que me permitieras conocerlo, leía el trabajo y recordaba las clases de ética que dimos en la universidad, esa fue la primera referencia que tuve de que un personaje tan ilustre de las letras cubanas y de nuestra historia, había inundado con su presencia uno de los lugares más intrincados de Gtmo, me encantó el trabajo, sobre todo por el contenido humano. Excellent!!!!!

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